Un ángel que me quiere
Para contar las historias de todos los días, se necesitan historias y una de ellas, inusual y hermosa, podría ser la de Ángel, niño predestinado a no nacer y sin embargo, como Sabina, luchó por su vida. De padres disfuncionales, a Dios no le alcanzó y le otorgó un poco más. Una placenta calcificada, eclampsia, nacimiento a los ocho meses de vida y 2 libras y tantito al nacer. Confieso que no le quería, siempre pensé que su nacimiento era equivocado y como juez supremo yo también luché por ello. Pero cuando le vi tan pequeño e indefenso, lleno de tubos en Neonatología, supe que esa pequeña cosita no tendría más amparo que el de mi madre y el mío propio. Podría también confesar que lloré sola y en silencio mientras le contemplaba a través del cristal, mi asombro al ver como tomaba leche de una tacita y me arrepentí desde el fondo de mis pensamientos finales. Lo que ha venido después ha sido duro. Su condición física, su inflamación en la corteza cerebral y la hiperactivid...