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Lo malo y lo bueno de la sobrevida

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Nosotros, los sobrevivientes, ya no somos los mismos. Nunca mejor escrito, nunca mejor dicho, nunca más recordado. Es una sentencia que me repito cada ciertos minutos porque he cambiado cuerpo adentro, mente afuera, he mutado, como el virus, en una persona que aprendo todos los días. Voy por cambios radicales, precisos, porque la muerte que espanté con las manos, volverá en algún momento y me hace pensar que hay que beberlo todo antes que se pegue como una lapa a mi carne hasta que quede el hueso blanco a merced del tiempo. Por eso pienso en los días pasados. Los repaso con lentitud, los vuelvo a sufrir, acto estoico y necesario para vivir con más intensidad. Lo malo de recordar es reconocer la falta de sensibilidad en la gente que te rodeaba, en los que te miraban como un apestado y se apartaban, era ver personas morir enfrente tuyo o al costado, igual la muerte aterra. Lo malo eran los baños incómodos y que no hacían sopa. Lo malo también era la falta de atención por parte de algun...

Relato de una sobreviviente

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Yo me prometí no escribir sobre todo lo que pasé en el infierno, pero no puedo dejar de hacerlo. Estuve ingresada en un hospital con mi madre enferma de covid y yo también lo tuve. No sé si me contagié junto a ella porque mi pcr dio negativo o fue en la manipulación de sus necesidades o si fue en el propio centro médico. La verdad es que tuve por necesidad que pasarlo como si no lo tuviese porque mi mami estaba muy mal. Catorce días o quince, no sé decirlo con exactitud, los días no importan, de agonía y espera, en los que vi de todo, desde la negligencia para atender pacientes hasta la belleza inmensa de otros profesionales de la salud que hacían hasta lo imposible por salvar vidas. Vi además la entrega de los mensajeros y personal de limpieza, gente a la que no se aplaude ni se menciona y que sin embargo, llevan aliento a enfermos y acompañantes, son la familia extendida que te habla con cariño y te da fuerzas en medio de tanta incertidumbre. Vi a mi madre casi sin vida, tuve que r...

Alejandra alejandrita

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 Cuando conocí a Adriana nunca pensé que la querría tanto. El primer encuentro, que por lo general, suele darnos la impresión sin segundas oportunidades, presagió mal futuro. Sin embargo, todo fluyó tan bien entre nosotras que me hizo presencia en los momentos más importantes de su vida. Estuve durante la preparación de su tesis, la acompañé en la distancia con la moneda de la suerte en su graduación, fui confidente cuando tuvo el mal pie de enamorarse de toti (eso es broma), luego fui testigo en el matrimonio donde coincidentemente mi ropa era igual a la decoración y por último me pidió que fuese la madrina de su hija. Esto último me desconcertó un poco. Primero ya tenía una ahijada, segundo no puedo ser la convencional madrina de los regalos y los paseos y se lo dije. Insistió a pesar de ello. Así Alejandra entró en mi vida, la cosita de mami, le nena de papá, la de los ojos más grandes y expresivos del mundo, la periquita, la sabichosa, la loquita, la alborotadora, la hermosa y ...

Las escuelas en Alto Songo

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Nuestro asunto de hoy se queda en Alto Songo y tiene que ver con las escuelas. Mucho se ha habla sobre los logros del presente, pero el pasado también nos devuelve intentos por las luces de las letras. 1902 marcó el primer intento de educación institucionalizada en la localidad. El gobierno de turno transformó lo que antes era el Hospital Español para la enseñanza primaria. Así surgió la Escuela José Francisco Díaz para varones en una parte el local. En la otra parte crearon la Escuela Adela Desquirón para hembras y años después la vida dijo que no era viable, así que eliminaron esta división por sexos. Transformaciones importantes para la época dejaron el nombre de la primera sección   para los grados primero atrasado con la maestra Estrella Larrubia, primero adelantado con Ana Sánchez Rogers, segundo atrasado con Teresa Pérez Sosa y segundo adelantado con Caridad “Cachita” Collazo. La escuela funcionó hasta 1932 cuando el 9 de noviembre pasó el ciclón de Santa Cruz y el...

Hay locuras que no vale la pena curar

 Hace mucho tiempo escribí un pequeño artículo, otro intento de retratar a la gente de Alto Songo. Los protagonistas eran los locos, esos eternos idos de mente que se nos aparecen en cualquier esquina y recordamos por sus dicharachos, frases o comportamientos específicos. Hoy revisito el tema para encontrarlos nuevamente, la memoria debe ser preservada. Uno de ellos era Charles, dicen que siempre se sacaba su hombría y que las muchachitas corrían como locas. Él llamaba a su miembro el chimpán colorao y lo mostraba orgulloso mientras ellas corrían despavoridas por el huerto de la escuela. Otra era Pabín, lo que podría calificarse como una loca etérea. Contaba sobre su amor imaginario, un amante que venía volando, la llevaba a pasear y le hacía el amor, también en el aire. Esta debió ser, sin dudas, una locura maravillosa. No debe dejar de mencionarse a Charo Domínguez Téllez, hermana de nuestro querido Miguel, personalidad insigne del territorio. Estaba tan obsesionada con la limpie...

Un ángel que me quiere

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  Para contar las historias de todos los días, se necesitan historias y una de ellas, inusual y hermosa, podría ser la de Ángel, niño predestinado a no nacer y sin embargo, como Sabina, luchó por su vida. De padres disfuncionales, a Dios no le alcanzó y le otorgó un poco más. Una placenta calcificada, eclampsia, nacimiento a los ocho meses de vida y 2 libras y tantito al nacer. Confieso que no le quería, siempre pensé que su nacimiento era equivocado y como juez supremo yo también luché por ello. Pero cuando le vi tan pequeño e indefenso, lleno de tubos en Neonatología, supe que esa pequeña cosita no tendría más amparo que el de mi madre y el mío propio. Podría también confesar que lloré sola y en silencio mientras le contemplaba a través del cristal, mi asombro al ver como tomaba leche de una tacita y me arrepentí desde el fondo de mis pensamientos finales. Lo que ha venido después ha sido duro. Su condición física, su inflamación en la corteza cerebral y la hiperactivid...

Atardecer con pensamientos

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  Siempre pierdo los atardeceres, me son vedados por la palabra. Y quizás por eso, mientras amanece, ya pienso en la gran muerte del día, en su finito, en la silueta del paisaje, acomodada a la sombra de una loma o una palma.    Pienso también en la gente que se recoge a hacer la noche, el pan o el amor, en los bohemios trastocados en las esquinas, eternos vigilantes embriagados de alcohol y de nostalgia. Pienso en el ocaso y con esa sustancial pérdida, en las luces que despiertan a la vida.