Entradas

Palabras finales

Tú y yo estamos aquí/entre el mar y la ciudad/ Miedosos del mar y la ciudad/ amando el mar y la ciudad/ Por temernos y amarnos y olvidarnos a nosotros mismos. Este no es un poema de amor. Pero el mar y la ciudad se adhieren como una costra feliz a mis espaldas. Ya no piensas en mí como entonces. Dónde quedaron los días en que incendiaste la ciudad para mí, como un manojo de luces quebrando las palabras; y el mar bañó ligeramente mis pies, donde la muerte era un eco lejano. El tiempo agota toda espera. Ya no pienso en ti como entonces. Pero en ciertos días creo deshacerme Como un banco olvidado frente al mar, Golpeado por el súbito miedo en la memoria.

Más imágenes de Alto Songo

Imagen

Me he visto en los ojos de Rembrandt

Imagen
Me he visto en un cuadro de Rembrandt los mismos ojos el mismo cuerpo, los mismos senos el mismo deseo ante la luz. Me he visto en los ojos de Rembrandt

La noche

Imagen
La noche es un girón de mi cuerpo: espumosa, tangible, delicada. No se parece a nadie. No respira. No miente. No permite engaños. Ocupa todo cuando llega y todo pierde la memoria. La noche también es dura. Me devuelve un girón de mi cuerpo donde estallas y te reproduces como burbujas.

Oficio de poeta

Imagen
He buscado las palabras donde asir estas memorias y resbalan incesantemente. Engaño a todos sobre todo a mi misma colgando de esta mueca imperceptible. Me ocupo en mentir grave oficio asignado a la existencia. Me salvan los textos, la palabra, los sueños innombrables y paisajes tardíos que acaso añoro porque el pan no retorna con los sueños y respirar puede ser un engaño, un trueque a la mentira. También como Borges puedo confesarlo: No he sido feliz y vendo los ojos en el vano intento de compartir la oscuridad, el sitio justo de decir sin decir tanto colgada para siempre en un poema.

Sonido SM, una familia en tus oídos

Imagen
Estamos de peleas, nuevecitos y con ganas de hacer, vean esto

A mi madre

Imagen
Madre: Hoy llegaste  con ese paso lento   y recordé  tu pelo negro de aquellos días   cuando me arrullabas el sueño y tus manos parecían brillantes. Cierta vez en aquel cerro me ofreciste tu aguamarina   y la perdí  como se pierden los sueños, sin darnos cuenta. Lo he recordado mientras te observo.   Esta tarde te ofrecí una sopa amasada con esfuerzo y sonreíste   porque lo más importante dices, es amarnos largamente. Hablaste de la muerte y parecías una niña a la espera de un regaño. No temas, madre, la muerte es ligera. Yo la miré a los ojos y más que muerte es un sueño. Regresé para contarte: no duele, no pesa, es un susto impreciso,   una luz que pocos han podido decir. Hoy llegaste con ese paso lento que te dejan los días y me sobrecojo porque el tiempo se agota y tus manos ya no brillan como entonces. Me pregunto si mi hijo me verá así alguna vez, me pregunto cuántas otras tardes l...